Tú eres Juan Pablo   

Debo confesarlo. He llorado y he llorado mucho. Me duele mucho y las emociones me ahogan el alma, pero este dolor me hace mas firme, hace que este mas decidida y que siga luchando por la libertad de Venezuela con mas fuerza que nunca.  

 

La muerte de tantos jóvenes no puede ser indiferente a quien es padre o madre. Es imposible no ver reflejado el rostro de tu hijo o de tu hija en el rostro de cada uno de esos muchachos asesinados por la dictadura en estas últimas semanas de brutal represión. 

 

Las palabras de aliento parecen esfumarse en el viento cuando pienso en ellas si fuese yo quien recibiera la noticia de la muerte de uno de mis hijos. No hay nada, más allá de la más pura fe, que pueda brindarte alivio o sosiego.  

 

Cuando pienso en la escena de lo sucedido con cada uno de ellos, habiendo estado en primera fila, sabiendo a lo que huele la represión, sabiendo como suena el odio de las armas, sabiendo cuanto arde en la piel la injusticia y como ciega la persecución de la dictadura, se me hace imposible no pensar en que quien nos dispara, y quienes les dispararon a nuestros muchachos asesinados, son venezolanos como yo, son padres y madres como yo, sueñan como yo, lloran, ríen y se angustian por el futuro de sus hijos como yo.  

 

¿Qué pensará el soldado que apunta su arma contra ellos cuando se entera que fue asesinado un joven como su hijo? ¿Y si fue él? ¿Y si fue su último disparo el que lo mató?  

 

¿Qué pensará la esposa del soldado cuando su marido regresa a casa, oliendo a lacrimógenas y pólvora, con el rostro tostado por el sol y las manos resecas de empuñar el arma? ¿Qué le dirá en el oído cuando reposan sus cabezas en las almohadas? ¿Qué pasaría si su hijo fuese Juan Pablo? 

 

¿Qué pensará Juan Pablo cuando su padre soldado regresa a la casa? ¿Qué pensarán sus amigos que marchan por su futuro si se enteran que su padre es quien los reprime? ¿Qué le quiere decir Juan Pablo a su papa que Yibram no le haya ya dicho al suyo? 

 

Y es que tu hijo, soldado de esta Patria, se llama Juan Pablo. 

El hijo de tu vecino que marcha por un futuro en libertad y en democracia se llama Juan Pablo. Mi hijo hoy, que no ve a su padre incomunicado por pensar distinto, se llama Juan Pablo. 

 

Y es que, al final de cuentas, todos nuestros hijos, todos los hijos de Venezuela hoy se llaman Juan Pablo. Cuando tu hijo salga de la casa, soldado, dale un beso en la frente, dale tu bendición y repítele tu juramento: nunca más empuñarás el arma contra él.  

 

Cuando nos veas en las calles, hermano soldado: baja el arma, abre tus brazos y danos un abrazo con tu escudo para sentirnos protegidos por tu amor a Venezuela. Con ese gesto sabremos que nos has reconocido: somos tus hijos, somos Juan Pablo.  

 

Y tú, joven venezolano que luchas en las calles por tu país y por tu futuro, recuerda: el soldado que encuentras en el piquete con escudos, cascos, viseras y protectores esconde a alguien debajo de ese uniforme: ese también es tu padre. 

 

Y tú… tú, querido hijo, tú también eres Juan Pablo. Mantén viva tu fuerza, eleva tu fe. No estás solo, nunca lo estarás.  

 

Lilian Tintori 

Activista de Derechos Humanos