Presos políticos: Voces de la dictadura, por Lilian Tintori

(Caracas, 31.01.18).-  

“Si no hay lucha, no hay progreso. Estamos dispuestos a asumir los sacrificios que hagan falta para recuperar la libertad de Venezuela este año”. Cuando mi esposo Leopoldo López, preso de conciencia, se entregó a la Justicia injusta el 18 de febrero de 2014 para enfrentar a la dictadura que lo había acusado de incitar a la violencia a través de sus discursos sobre la no violencia y por denunciar a un régimen antidemocrático, ineficiente, corrupto y represor que ya vivíamos los venezolanos en ese año, nos dejó una frase que ha marcado nuestra lucha: “El que se cansa pierde”. Poco sabíamos los venezolanos que los desafíos que enfrentaríamos en Venezuela nos llevarían a casi cuatro años de una lucha compleja, continua y a veces extenuante para derrotar la dictadura.

Por Lilian Tintori para La Razón

Tras tres años y medio de injusto encierro en una cárcel militar, sometido a torturas, aislamiento, suspensión de visitas por largos periodos, tratos crueles, amenazas de los custodios con un fusil al pecho, las diez veces que lo desnudaban al día, las requisas vejatorias que nos hacían a mí y a su madre Antonieta López al entrar y salir de la cárcel.. Leopoldo fue trasladado a casa a mediados del pasado año a un arresto domiciliario.

Aunque está rodeado de su familia, tiene restricciones aún más severas que las que tenía antes para comunicarse. Debe salir a tomarse cuatro fotos diarias para verifi carse ante el SEBIN (órgano de seguridad nacional) y el acceso de visitas está estrictamente controlado. Ante esta realidad, Leopoldo resiste y continúa trabajando para devolverle la paz, la prosperidad y el progreso a Venezuela, escribiendo libros, ideas y propuestas para el país. Este año la persecución política contra la oposición arreció.

Hay más de 300 presos políticos encerrados en cárceles venezolanas, sometidos a tratos crueles y degradantes en centros de tortura blanca como La Tumba. El primer síntoma de que hay dictadura en un país es la presencia de presos políticos. El régimen persigue a nuestros alcaldes, diputados, líderes políticos y sociales, hasta tal punto que unos están en el exilio o asilados en una Embajada, como es el caso del vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara. En marzo del año pasado, el régimen intentó usurpar los poderes del Parlamento legítimo y único, electo por los venezolanos. Afectos al régimen asaltaron la Asamblea Nacional de forma violenta, sin respetar su autoridad.

Este hecho, sumado a la crisis social, política y económica, fue determinante para que en abril miles de venezolanos exigiéramos la salida de Nicolás Maduro en las calles, enfrentándonos a policías y militares que insistentemente nos reprimieron con perdigones, gases lacrimógenos y balas. El saldo de la represión fue de 137 asesinatos, en su mayoría jóvenes estudiantes. El régimen actuó con la mayor impunidad y por esta razón es objeto de una investigación independiente ante la Organización de Estados Americanos (OEA) para determinar si hubo crímenes de lesa humanidad, con altas probabilidades de remitir el caso a la Corte Penal Internacional. En octubre y diciembre de este año se celebraron elecciones regionales y municipales. Ambos procesos estuvieron plagados de fallas antes, durante y después de los comicios, aniquilando la posibilidad de ver representada la voluntad del pueblo. Mientras el mundo avanza en la dirección del progreso, la erradicación de la violencia y la modernización del Estado, en Venezuela vamos en retroceso.

Pero no todo fue desolador en 2017, pues la voz de los venezolanos pudo ser escuchada por los presidentes de EE UU, Argentina, México y Brasil, donde personalmente pude denunciar lo que pasa en Venezuela y por los jefes de Gobierno de España, Francia, Alemania, Reino Unido y Chile, a través del presidente y vicepresidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges y Freddy Guevara, y de la madre de Leopoldo, Antonieta López, sellando un nuevo capítulo en la lucha por la democracia. Además, la misma lucha por la libertad de los presos políticos y de la oposición venezolana fue reconocida por el Parlamento Europeo, concediendo el premio Sajarov, comprometiéndonos aún más para continuar esta lucha hasta lograr la libertad.

Han sido años de extensa lucha por los derechos y la libertad de los venezolanos, quienes enfrentamos una grave emergencia humanitaria. Hay un 90% de escasez de medicinas e insumos médicos, que afecta y hace más letales enfermedades como la diabetes, la hemofilia, la hipertensión. En 2016 se registraron 240.000 casos de malaria, un 70% de incremento con respecto al 2015, cifra que acompaña a las de enfermedades que ya habían sido erradicadas. Hay un 82% de pobreza, de los cuales el 75% perdió en promedio nueve kilos en 2016, según un estudio realizado por las principales universidades del país. Hay una alerta de desnutrición infantil grave del 14,5% presentada por Cáritas Venezuela que supera los estándares internacionales. Y por si fuera poco, la inflación anual fue estimada en el 2.616% según la Asamblea Nacional, por lo que entramos oficialmente en hiperinflación.

Esta situación ha provocado una crisis migratoria debido a la cantidad de venezolanos que cruzan las fronteras. Hoy vemos el colapso inminente de un sistema que ha utilizado el hambre como factor de control. El año 2017 será recordado como el que selló la evidencia de que estamos en dictadura. El presidente Maduro ha negado la crisis y no acepta la ayuda humanitaria que otros países han ofrecido, recriminando cualquier solución como un intento de sabotaje y golpe en su contra. Por eso, a petición de Leopoldo, relanzamos Rescate Venezuela y atendimos en campamentos humanitarios a las poblaciones más necesitadas. En once estados del país acompañamos a 4.000 venezolanos y ofrecimos atención médica, asesoría jurídica, alimentación y entretenimiento para los más pequeños.

Todo apunta a que una transición política no será fácil, pero si no hay lucha, no hay progreso. Estamos dispuestos a asumir los sacrifi cios que hagan falta en 2018 para reconquistar la libertad. Como dijo la Mesa de Unidad, tendremos que saber combinar la “acción política, la protesta en la calle, la presión internacional, la paciente organización popular, la lucha desde los espacios institucionales, la inteligente negociación y la contundente rebelión electoral”. Este año también ha llegado nuestra tercera hija. Llega en momentos de mucha adversidad, pero haremos todo lo posible para liberar a Venezuela de este sufrimiento y darle a ella y a todos los niños un futuro de paz, progreso y bienestar. Nada nos hará dejar de trabajar por nuestro derecho a la vida, a la salud, a la alimentación, la libertad de expresión y por salir de esta dictadura. No nos detendremos hasta lograr que todos los derechos sean para todas las personas.