¡No estamos solos!   

Los venezolanos hemos pasado largos años de injusticias y sufrimientos. El hambre, la escasez de medicinas, la criminalidad desatada, el desempleo, la violencia, las persecuciones, la corrupción desenfrenada, las torturas, los fraudes electorales, la vergonzosa impunidad y básicamente la violación de todos nuestros derechos humanos, conforman el doloroso y largo camino al que este sistema inmoral nos ha sometido todos estos años. 

 

Pasó mucha agua debajo del puente antes de que la comunidad internacional, y sobretodo, la comunidad hemisférica de nuestros hermanos de toda América, abrieran los ojos y escucharan los gritos de libertad y justicia que nuestro pueblo ha lanzado al aire todos estos años. Algunos de nuestros países hermanos fueron cegados (y otros aun permanecen) por el dinero del poder petrolero de la dictadura venezolana y otros, sumergidos en sus propios problemas, prefirieron guardar silencio por mucho tiempo, de todo lo que sucediera fuera de sus propias fronteras. 

 

El mundo cambió. El mal llamado Socialismo del Siglo 21 fracasó estrepitosamente. Fue un espejismo de buenas palabras para disfrazar el horror de los deseos de poder y riquezas de algunos pocos. Se llenaron la boca con el discurso del «pueblo» mientras nuestros estómagos se vaciaban paulatinamente de los alimentos que alguna vez tuvimos en nuestras mesas. Se llenaron los bolsillos mientras nos fueron robando uno a uno nuestros sueños de progreso y calidad de vida. Y todo esto ahora es público y notorio para todos los gobiernos democráticos de la región; tan notorio como, lo es para nosotros, el sufrimiento de vivir en una dictadura que asesina a su pueblo con la persecución a quienes desean soñar un mejor país, dejando morir a sus hijos de hambre, o dejándolos sufrir sin medicinas en los pasillos de nuestros deteriorados hospitales. 

 

20 países de 34 que forman el Consejo Permanente de la OEA han decidido ver, escuchar y hablar de esta calamidad venezolana. 

La verdad de lo que sucede en nuestro país ya no será escondida con los petrodólares que se ha robado la revolución. Y como toda verdad, mientras más se escuche, serán más los que se convenzan de la necesidad de colocarse del lado correcto de la historia. Ya lo decía Leopoldo en el año 2014, cuando fue injustamente encarcelado por la dictadura de Maduro: no se puede ser indiferente ante la verdad. Quien no se pronuncie contra la injusticia es cómplice de quien la comete. 

 

Hoy, quienes mantienen el silencio o venden sus valores a los intereses económicos que les ofrece la dictadura son una pequeña minoría y serán, sin duda alguna, cada vez menos, al sentir la presión de quienes defienden los principios democráticos y los derechos humanos de todos los que hemos nacido en este continente de libertades y libertadores. 

 

Hoy son 20, mañana serán más y al final serán todos, porque la razón de esta lucha es moral, es familiar, es espiritual: la razón de esta lucha por la que hemos sacrificado tanto, todos los venezolanos, es el amor. Un amor que no tiene condiciones, un amor que no se cansa, un amor indestructible y a la vez incorruptible. Es el amor a nuestros hijos, es el amor a nuestros esposos y esposas, es el amor a nuestra patria. 

 

Hace tres años, al seguir el llamado y la visión de Leopoldo, nos colocamos del lado correcto de la historia, cuando muchos creían que «jugábamos adelantado» o nos decían que «exagerábamos»  con posiciones radicales. Hoy, quienes estamos de este lado somos la gran mayoría de los venezolanos y, desde ayer, también la gran mayoría de todos los americanos desde el sur hasta el norte del continente. 

 

Y hoy, como hace tres años, tenemos una nueva visión: derrotaremos la dictadura este año y gobernaremos para construir una Mejor Venezuela, donde la paz, el bienestar y el progreso sean las columnas de una democracia que será ejemplo para el mundo y orgullo para Venezuela. 

 

¡Si se puede! ¡Fuerza y Fe! 

 

Lilian Tintori 

Activista de Derechos Humanos