La Pascua de Venezuela 

Son demasiadas las emociones que nos revuelan en el alma. La muerte de Jairo, de la señora Ricarda, de Daniel, la imagen de un bebé, de mes y medio de nacido, afectado por las bombas lacrimógenas lanzadas dentro de una clínica, la dignidad de un joven sin camisa dándole la cara a un violento guardia represor. Son imágenes que nos han llenado de indignación, frustración y también de tristeza por ver, con tanta crudeza, lo que ha llegado a hacer esta dictadura en contra de su propio pueblo. Justamente son esas emociones cargadas de indignación las que debemos transformar en acción. Acción liberadora, acción que convierte los corazones, acción pacífica, valiente y rebelde para rescatar la Venezuela que nos han robado. 

 

Estamos convocados a asumir el rol histórico de estos tiempos. Es inspirador el ejemplo de miles de jóvenes que resisten a las fuerzas represoras del régimen de Maduro, así como la dignidad de nuestros jóvenes líderes políticos que, unidos como en el 2007, conducen con sus propios cuerpos la resistencia pacífica, pero firme, aplicando las tácticas de la lucha no violenta. Son tiempos de crisis, tiempos de angustias y sacrificios, pero justamente por eso, es que también son tiempos de liderazgo, de coraje, de dignidad, tiempos en los que lo mejor de nosotros surge de nuestras almas como manantial que refresca los campos secos de tanto odio y maldad.  

 

Nuestra lucha es clara y se desarrolla en tres dimensiones: 1) en lo internacional, para que todos los países demócratas del mundo exijan y presionen a la dictadura a respetar los principios democráticos y los derechos humanos; 2) en lo institucional, para que nuestra Asamblea Nacional cumpla las funciones para la que fue electa y se haga respetar la voluntad de nuestro pueblo; y 3) en lo popular, para que en las calles, a través de la lucha no violenta, hagamos que la dictadura retroceda y sea definitivamente derrotada.  

 

No hay espacio para medias tintas ni queremos transitar a medias el camino hacia la libertad. No aceptaremos intercambiar nuestros derechos y nuestros sueños por la barajita de unas simples elecciones regionales que, de hecho, son un derecho que nos han robado. No basta, nada bastará hasta que conquistemos nuestra libertad que es lo que nuestra Venezuela clama y se merece. 

 

Nuestras peticiones no son meros caprichos ni están sujetas a transacciones, por el contrario son justas y apegadas a lo que por derecho nos corresponde: 1) Elecciones generales de inmediato, donde podamos elegir desde un nuevo presidente, hasta gobernadores y alcaldes; 2) Apertura del Canal Humanitario que resuelva de inmediato el hambre de nuestro pueblo y el dolor de sus enfermedades por falta de medicinas e insumos; 3) Liberación de todos los presos políticos para que inicie una etapa de justicia en Venezuela y 4) el respeto a la Constitución y a nuestra Asamblea Nacional para que pueda cumplir con el mandato popular. 

 

Ha llegado la hora de redescubrirnos como venezolanos, de dejar a un lado en lo que nos han obligado a convertirnos, lo que no queremos seguir siendo y volver a ser, lo que en esencia siempre hemos sido como personas y como país. Es Semana Santa, tiempo de conversión, tiempo de perdón, tiempo de resurrección. Llega la Pascua del Señor y con ella debemos hacer que llegue la Pascua de Venezuela. No existe mejor momento que este para que demos el paso hacia la tierra prometida, no existe mayor fuerza que la del espíritu que nos convoca a rebelarnos ante el mal y vencerlo con amor: amor a nuestros hijos, amor a nuestras familias, amor a Venezuela. Estamos listos para la pascua, estamos listos para la transición hacia la Mejor Venezuela. 

 

Fuerza y Fe Venezuela! Ahora más que nunca mucha Fuerza y mucha Fe! 

 

Lilian Tintori 

Activista de Derechos Humanos